cuanto menos raras,
comencé lo que hoy
me gustaría terminar.
Un escrito de esos
que cuando los lees,
te das cuenta
de lo que eres,
quien tienes
y lo que tienes.
Supongo,
que todo viene asociado
a esa manía de la madurez,
y a medida
que avanzas en edad,
también los haces
en ámbitos,
en los que no dejas
de hacerte preguntas,
pero todas te llevan al mismo sitio.
No eres afortunado
por lo que tienes,
sino por a quienes tienes,
y créeme que es
realmente complicado,
aprender a esquivar baches
con los ojos cerrados,
únicamente fiándote
de quien te lleva de la mano.
[Pero se logra ]
Cruda realidad,
pero que si sabes como tomarla,
ya sea a bocanadas o a sorbitos,
rápido o despacio,
te sabrá a la ultima copa ,
de aquella cita
del invierno del 92,
con el corazón
a punto de salirse
y las manos,
en un brote de metáforas ,
donde tan solo ,
ella,
que encarnaba
cada una de las leyendas
que te habían contado de pequeño, podía hacerte ver
que la vida a veces es esto.
Una sonrisa a modo de pluma,
y unos besos en forma
de nube,
como queriendo subirte al cielo,
por un pequeño roce.
Y quizá,
nunca seré capaz
de explicar con palabras
el gran vacío que llevo dentro.
La poesía se ha convertido
en mi vía de escape,
la que me permite soñar,
seguir hacia adelante,
y ver que los imposibles
no son más que falta de ganas.
Me he dado cuenta de que
cada persona vale por su
presencia,
pero sobretodo
por su ausencia.
Que lo que se va puede volver,
con algo más de cuatro
abrazos de empeño.
Que lo bonito se esconde
en el día a día,
en los detalles,
en los buenos días con
legañas en los ojos,
en despeinarse,
olvidar las apariencias
y disfrutar.
Solo eso,
disfrutar,
respirar hondo
y vivir,
vivir como solo tú sabes,
sin miedo al mañana,
sin remordimientos por el ayer,
solo el hoy
por el hoy.
Y hoy,
hoy te has convertido
en mi ciudad,
mi cielo y mi suelo.
Cada vez que toco fondo
estas ahí,
gritando
que me levante con fuerzas,
y lo mejor de eso
es que cuando llego arriba
te veo ahí,
mirándome,
con esa sonrisa
como queriendo decir
que te sientes orgullosa,
abuela.
Porque a veces no necesitamos
a nadie para seguir,
pero nunca está de más
que alguien nos diga que sigamos.
Además,
que voy a negarte yo a ti,
desde ahí arriba,
que cada vez que cierro los ojos,
parece como si te viera,
me acariciaras,
y volvieses a susurrarme
''Buenos días Borriquín'',
que al final,
voy a terminar por creerte
mi ángel de la guarda.
Haciendo de aliento,
cuando hasta el aire me falta,
haciéndo de aeropuerto
para aguantar mis metidas de pata.
Y sobretodo,
muy sobretodo,
mano tendida cada vez que iba de bruces al suelo.
Espero,
que te sigan cuidando
por allí arriba.
Que cuando suba a verte,
estés tan guapa como siempre.
Te quiero.
Me encanta
ResponderEliminar